miércoles, 27 de mayo de 2009

Bibliografía: Participación y Acción Colectiva

La construcción de ámbitos ciudadanos

Este material presenta muy brevemente algunas ideas entorno al tema de participación o acción colectiva. Actualmente las cuestiones de participación revisten vital importancia en nuestras sociedades, ya que:

<1> Por un lado, se ha llegado a hablar de democracias participativas, buscando ampliar prácticas ciudadanas en la democracia representativa, cuestionada en su institucionalidad básicamente por la desbocada corrupción de algunos ‘representantes del pueblo’.

<2> También ha crecido la idea, hoy bastante aceptada, de que participar significa también comprometerse, en el sentido de tomar conciencia de la pertenencia a la sociedad y su época y renunciar a ser un simple espectador.

<3> Otro interés lo ha despertado la idea de que la participación como organización popular puede canalizar la acción política alternativa.

<4> Por último, participación supone esfuerzo y acción, la búsqueda y la aceptación de nuevas tareas y la responsabilidad por una serie de actividades, que tradicionalmente fueron delegas a los funcionarios gubernamentales.


En un trabajo Fernando Calderón y Mario Dos Santos[1] estudiaron una serie de tensiones que se daban en la participación social en 10 países latinoamericanos, básicamente se decía lo siguiente:

1. Tensión entre: organizaciones que proponen nuevos modelos de ciudadanía, revalorización de los derechos humanos y civiles, y por otra parte, hacia el interior de la organización aparecen conductas verticalistas, autoritarias y hasta violentas.

2. Tensión entre: una valorización de la diversidad y el pluralismo, el reconocimiento y la aceptación del otro, y una tendencia a encerrarse en pequeños grupitos que toman las decisiones de manera simplista.

3. Tensión entre la tendencia hacia la autonomía del Estado y la Política versus la búsqueda de financiamiento de sus actividades y reconocimiento público desde estas mismas organizaciones.

4. Tensión entre una tendencia a la autogestión y acciones proclives a la dependencia subsidiada.

5. Tensión entre la valorización de una cultura colectiva y solidaria versus una tendencia al individualismo (ej. ‘mi proyecto’, ‘mi barrio’, ‘mi organización’.)

El carácter político de la Animación Comunitaria

Siguiendo las reflexiones de Maritza Montero[2], en lo que hace a la intervención de la psicología comunitaria, pensemos el carácter político de la Animación Comunitaria:

a El trabajo en comunidad, en grupos organizados o con líderes comunitarios exige una perspectiva integral de la situación, donde los factores culturales, sociales, políticos, económicos, afectivos, cognitivos y motivacionales sean considerados.

a La perspectiva de la animación comunitaria incluye aspectos ligados a la salud mental y a la salud comunitaria en general, para ello, se parte de la perspectiva que los problemas no son de índole individual, sino que residen en relaciones vinculares, contextuales y sociales.

a El énfasis de la praxis comunitaria esta puesta en el cambio social, dentro del cual se incluyen la promoción de la salud, y la prevención de problemas sociales y sanitarios.

a Este objetivo de cambio incluye transformaciones tanto de los miembros de la comunidad como de los propios animadores.

a Toda transformación comunitaria debe estar acompañada por la producción de conocimientos acerca de las circunstancias concretas, la identidad y las acciones, de tal manera de unir el saber del sentido común al saber científico o profesional.

a Los cambios son producidos por la acción de los miembros de la comunidad (agentes de cambio), potenciando los recursos y las capacidades existentes, a partir del mantenimiento de las redes de apoyo mutuo.

a El carácter político de este proceso reside en que las relaciones de poder producidas por formas participativas democráticas abarcan la organización social, la generación de normas, la distribución de beneficios, desarrollo y administración de recursos, aplicación de programas públicos de alcance colectivo y toma de decisiones. Estas manifestaciones residen en la comunidad, que ocupa así un espacio público y fortalece la sociedad civil.


Modos de participación

La gran tensión de fin de siglo, en temas de participación, se da entre devolver la iniciativa a la sociedad y la autogestión de los pobres[3]. Como hemos visto la construcción de ámbitos ciudadanos alberga una complejidad que excede las pretensiones de este análisis. Por ello, nos limitamos a hacer referencia a modos ‘arquetipos’ que operan en las políticas y programas de participación actuales:
(a) La participación para la sobrevivencia

Bajo las ideas casi incuestionadas de la autogestión, se privilegia el pensamiento de que los grupos en desventaja, solos o con el apoyo de organizaciones privadas o públicas, son capaces de generar recursos físicos, económicos y organizacionales. Subyace la idea de vuelta al Estado de Bienestar, pero en su mínima expresión.


(b) La participación localista

En los últimos años y desde vertientes diferentes, la dimensión de ‘lo local’ enfrentada a ‘lo global’ es objeto de numerosos debates que generan propuestas estrategias y políticas vinculadas al desarrollo y a la acción social territorial. Proponen al espacio local como ámbito de realización de la democracia, como viabilizador de la concertación social. Se rescatan las potencialidades de las comunidades para ejercer formas de institucionales de democracia participativa. Se supone que la integración de diversos actores locales dinamiza los mecanismos de inclusión social y apropiación más justa de lo que se produce en el territorio (y no que se lleven las ‘ganancias’ a otra parte).


(c) La neobeneficencia

Con los argumentos de reducir el gasto fiscal ha surgido un pensamiento que insiste en que debemos focalizar las políticas en los sectores de mayor vulnerabilidad, por ej. En algunos países centroamericanos se subsidiaba desde el Estado los productos de consumo masivo, como las harinas, la leche, el aceite, el pan, etc. Para que de esta manera fueran más accesibles a los sectores pobres, pero desde el enfoque de la focalización se decía que esto era derrochar recursos, ya que otros sectores sociales, que podían comprarlo, se veían beneficiados, entonces era mejor entregar un bolsón de alimentos por familia carenciada, así nacieron los famosos planes alimentarios focalizados. La neobeneficencia se caracteriza por la creación de fondos de financiamiento que suelen funcionar por fuera de la estructura clásica de un país. Fondos que proceden de organismos multilaterales o fundaciones del primer mundo.


(d) La red

El enfoque comunitarista aún ilumina algunas metodologías participativas, proponiendo modelos que valorizan las relaciones primarias, el barrio, los lazos afectivos, la revalorización del apoyo mutuo. La red intenta preservar un ideal participativo que fortalezca a la persona ante la influencia devastadora del individualismo y los efectos nocivos del aislamiento. La red tiene una ‘fe ciega’ en las virtudes de la participación en los pequeños grupos. En alguna medida la red intenta ser una metodología propia de los nuevos movimientos sociales, agrupados tras la identidad o necesidad social, ya no como los tradicionales movimientos de masa que lo hacían desde la confesión ideológica (política, etnica o religiosa).
[1] Calderón, F. y Dos Santos M. Lo político y lo social: bifurcación o síntesis en la crisis / CLACSO ‘88
[2] Montero, M. Introducción a la psicología comunitaria – ed. Paidós/Tramas, Bs. As. 2004
[3] Cardarelli, G., Rosenfeld, M. Las participaciones de la pobreza – ed. Paidós/Tramas, Bs. As. 1998

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