lunes, 25 de mayo de 2009

Debate: Proyecciones del Rol Operador en Psicología Social

Disertación Honorable Cámara Diputados de la Provincia de Buenos Aires
22 de julio de 2008 – La Plata

Nos encontramos hoy aquí en el marco de una jornada de intercambio, pero sobretodo de lucha. Venimos a reafirmar en este espacio de la democracia nuestra vocación por la transformación social. Los profesionales y estudiantes aquí reunidos, representamos cientos de compañeros/as que hace más de cincuenta años, venimos comprometidos con el cambio social, en los grupos, las organizaciones, la cultura, los barrios, los programas sociales, de salud, las empresas… entre otros tantos.

Como ya se ha dicho, somos una escuela, una tradición de ciencia en la psicología social. Una escuela que reconoce en la obra del Dr. E. Pichón Riviere su fundador y maestro. Su obra nos aporta este grato sentimiento de ‘ser parte de una escuela argentina’, con maestro y discípulos, un sentimiento propio de quienes nos formamos después de las primeras luchas, después del momento instituyente.

Quienes desde recibidos pretendimos hacer de esta formación una profesión de tiempo completo, nos encontramos con las trabas de la falta de legalidad, a pesar, de las casi cinco décadas transitadas de compromiso con los problemas más sensibles de nuestro país, de la riqueza de prácticas profesionales demostradas, militancias sociales y voluntarias tranformadoras, todas actividades que nos enorgullecen y convocan, y que han sido una respuesta real y concreta a la gente, pero a pesar de ello, nos vemos dificultados de ser reconocidos en el ejercicio de nuestra profesión.

Un marco de legalidad nos inserta en un aquí y ahora, en una institucionalidad que las ciencias sociales vienen peleando desde sus orígenes, cada una de ellas con suerte distinta han encarado la tarea por la licencia social de la comunidad, El momento y la fuerza son propicios para dar lugar al proceso de profesionalización de nuestra actividad.

Nuestro espacio teórico-disciplinar tiene carta de ciudadanía, no se trata aquí de abrir una nueva discusión epistemológica acerca de los fundamentos de los de la disciplina. Debemos reconocer que la psicología social que postulamos, es innegablemente un espacio en referencia intelectual, en nuestro país y otros. Aunque la hora y el análisis de realidad nos impongan estar abiertos a nuevos debates.

En este sentido, una virtud propia de este saber que desarrollamos es su base transdisciplinar, lo que Pichón llamaba ‘epistemología convergente’. Esta riqueza, apertura y multiferencialidad, hacen que nuestras prácticas puedan operar en contextos difíciles, en conflictos complejos, pero que en definitiva, no dejan de ser humanos y sociales.

Trabajamos en el campo de las agrupaciones humanas, en ese recorte específico en dónde confluyen las variables subjetivas y los condicionamientos sociales. Nuestra práctica se desenvuelve en el territorio de los vínculos, en el tránsito de los conflictos, la angustia, el malestar, allí dónde lo social se vuelve ajeno, temido, incierto o demasiado nuevo.

La virtualidad creciente de nuestra época, por momentos nos oculta el objeto más preciado del operador, parafraseando podríamos preguntarnos: “¿dónde estás grupo de mi vida que no te puedo encontrar?”, hoy a la grupalidad se llega, se construye, esto nos impone definir entonces nuestro quehacer, nuestro rol de operadores en psicología social, incorporar las nociones de acompañamiento, sostén, facilitación, mediación, coordinación, todas funciones asimilables al histórico rol del ‘estar cerca’, implicado.

Recuerdo un grupo de mujeres de la puna, que le preguntaron “… cómo habían hecho para sostener el proyecto comunitario casi sin recursos durante tanto tiempo… una de ellas dijo, es que las mujeres aprendimos a sobrevivir con poco, a sostener todos los días, vamos más allá del apasionamiento del conducir los cambios…” En este sentido, la psicología social, especialmente en sus compromisos de transformación, es un espacio para la incorporación de la anunciada feminización de las ciencias, sus construcciones teóricas, nacen y se sostienen en los procesos micropolíticos, es decir, en lo social transitable, conocido, familiar, en las tolerancias de las dificultades, en dar un tiempo existencial a los cambios y no pensar éstos como meros horizontes de posibilidades.

Ya no se trata solo de conducir proyectos de cambios desde el saber profesional o técnico, sino también y sobretodo, de acompañarlos. Los condicionantes sociales nos hablan de violencia, maltrato, malestar, angustia, descuido. La irritabilidad, la intolerancia, el desgano, la pérdida de sentido, la subjetividad desesperada nos instala la idea de la sociedad como mala. Pero podemos volver a sentirnos cuidados en la recuperación de los espacios sociales, en la actividad grupal, en las labores comunitarias. Lo que para la psicología social es una metodología de trabajo, para la gente es un camino de salud, de integración, de inclusión, de esperanza.

Allá por fines del siglo XIX los conflictos sociales de la industrialización, la urbanización promovieron un marco propicio para el desarrollo de las ciencias sociales. Las guerras del siglo XX confirmaron la necesidad de humanizar los ideales de progreso, hoy el desarrollo de la economía global y la tecnología, nos imponen la ética del saber y de la comunicación. El fenómeno de la comunicación, su virtualidad, aceleración y masividad nos indica nuevos contextos de acción, modos de integración del saber, canales de trabajo que hoy se caracterizan por ser redes, puntos virtuales de encuentro. El evento grupal, es un momento en nuestra intervención, no lo agota, trabajamos horas enteras construyendo encuentros, generando acuerdos, ‘uniendo las partes’. Nuestra especialidad se ha tornado “atención psicosocial en contextos múltiples”.

Redondeando, la operación psicosocial se caracteriza por la coordinación de grupos, el acompañamiento de procesos de cambio, el sostenimiento de los grupos en sus dificultades organizativas, hoy “el agente de cambio”, también es un tutor de aprendizajes.

Curiosamente nuestra actividad, nuestro campo de intervención, en estos últimos 25 años ha crecido exponencialmente y a ritmo de cómo lo han hecho la multiplicidad de organizaciones sociales. Este último período democrático nos ha permitido un desarrollo plural de la psicología social.

El eje ha estado puesto en la asistencia a la autoorganización de los grupos, la autoproducción de organización. A la tradicional intervención en la promoción de salud, se han sumando las actividades en cultura, educación, desarrollo social, empresas. Todas prácticas que han tenido que incorporar nuevos conceptos de acción, como: responsabilidad social de las organizaciones, inclusión social, integralidad de atención, garantía de derechos, calidad… ideas que se suman a las históricas de: transformación social, agente de cambio, promoción de salud. Por poner algunos ejemplos.

Nuestra intervención se viene caracterizando por incorporar los condicionantes “socio”, en salud, educación, trabajo, cultura: de ahí que solemos participar en proyectos: socioeducativos, sociosanitarios, sociolaborales…, pero lo social siempre imbrincado a la subjetividad y a la dinámica de los grupos.

Las temáticas de intervención si bien, nos la marcan los conflictos, se observa que la agenda de la profesión recorre un camino propuesto por los compromisos que asumen los nuevos movimientos sociales, por un lado, como hábitat, género, violencia, cultura joven, economía social, programas sociales, o la democratización de las organizaciones, por otro, como: microplanificación, mediación de conflictos, comunicación y análisis de organizaciones.

Resumiendo y para ir cerrando: los ámbitos de los grupos, las organizaciones y la comunidad, nos ofrecen campos de intervención que se han multiplicado los últimos años, acorde a la democratización de la sociedad y sus consecuentes crisis sociales. Los temas se han especificado en la medida que nuestra labor nos permite focalizar problemáticas según los nuevos paradigmas, por ejemplo, pensar la salud desde los derechos humanos, la asistencia social desde la protección integral, las políticas de habitat desde la participación, la violencia desde la problemática de género, el trabajo desde la economía solidaria… todos ejemplo de cómo la operación psicosocial es una construcción compleja, tan compleja como la sociedad que nos requiere, “ a la variedad se la comprende desde la variedad”, a pesar de ello, la psicología social, no ha dejado de ser un recorte de la realidad: esa porción de tejido social dónde confluye, las variables subjetivas y los condicionantes sociales.

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